Vivir desde la humildad


La calidad de las relaciones (pareja, trabajo, comunidad) determina la calidad de nuestra vida.
Hay muchas personas interesadas en mejorar sus relaciones personales a todo nivel. Se muestran preocupadas por no tener una comunicación fluida con sus seres queridos o cercanos.  Si vivimos desde la humildad, podremos establecer relaciones más sanas y duraderas. De nada sirve conservar afectos, amistades y relaciones que nos restan, que son tóxicas o que representan un gran desgaste emocional. 
Manejarnos con humildad nos alinea con quienes nos rodean y nos hace la vida más liviana. El mejor antídoto contra la soberbia es la gracia humilde y serena. La soberbia es una forma de comunicación del ego y está reñida con la humildad.
En una entrevista, Larry King, un referente en materia televisiva, con más de 50 años de carrera, dijo la siguiente frase «nunca aprendí nada mientras era yo quien hablaba». Esto da cuenta de una profunda humildad y de haber entendido que solo cuando acallamos el ego y escuchamos al otro, es que podemos evolucionar y expandir nuestra conciencia. 
Así lo pudo comprobar Tood Davis, director de relaciones humanas y vicepresidente ejecutivo de Franklin Covey, quien escribió siete prácticas para establecer relaciones personales efectivas y así poder lograr los objetivos en común.  Entre sus recomendaciones están crear nuestro propio clima para mantener la calma a pesar de la tormenta, conocer el rol particular de cada quien, evitar el síndrome del pinball ―esto es abrumarse de tal forma, que no se puede mantener el enfoque en nada―, pensar en equipo y dejar a un lado la identidad individual, hacer que la sinceridad sea algo seguro, empezar con humildad; y hablar menos y escuchar más.
Eres capaz de dedicar unas horas a cultivar tu liderazgo y comprometerte de forma efectiva con un cambio de creencias limitantes a creencias empoderadoras, si es así, es altamente probable que tus relaciones personales y laborales lleguen al siguiente nivel de eficiencia, con mejores resultados para todos.  
Pero no podemos quedarnos solo en la teoría, hace falta la práctica constante de buenos hábitos de escucha, trabajo en equipo y de entender y aceptar la «otredad», para que podamos alcanzar relaciones interpersonales enriquecedoras.
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