Vida de pareja: superar los conflictos


Los conflictos pueden vivirse como un regalo para crecer, pero fácilmente se pueden convertir en obstáculos para amar si no se viven bien. Contar con buenas herramientas que nos ayuden a cultivar la humildad, la paciencia, la misericordia, el perdón y la paz, puede ser una gran ventaja a la hora de superar los desacuerdos con inteligencia.   A continuación puedes leer acciones que te ayudarán:

Practicar la autoestima realista. Si uno cree que es perfecto, será muy difícil superar conflictos. La humildad es la verdad sobre uno mismo que indica que tenemos fortalezas y debilidades o cosas por mejorar. El camino de la humildad es clave en vistas a buscar una solución.

Cuando uno logra identificar el conflicto y visualizar la salida, el ser capaz de ver qué limitaciones y recursos o fortalezas tenemos es crucial para plantear diferentes oportunidades o alternativas de mejora con compromisos reales para poner en práctica.

Tratarse con el corazón. Una elemento clave en los desacuerdos es la misericordia. “Miseria” proviene de la palabra defecto o necesidad del otro y “cordia” de corazón. Tener misericordia en una relación significa tratarnos con corazón nuestros defectos, sabiendo que no somos perfectos.

La mayoría de los conflictos se dan por una falta de acuerdo en lo que consideramos prioridades vitales como el trabajo profesional o la familia; priorizar la familia de origen y no la que uno ha fundado, o priorizar a los hijos antes que al cónyuge. Tratar esas diferencias con una actitud misericordiosa permite poner al otro primero para encontrarnos con él. 

Dar crédito afectivo. Otra gran acción que nos permite afrontar los conflictos es la paciencia. Dar crédito afectivo al otro es un indicador de calidad de amor a la persona que amamos. ¿Hasta cuándo dar crédito? La medida que nosotros esperamos recibir, tendríamos que tenerla con los demás.

Muchos de los desgastes que llevan a conflictos se dan cuando no se vive la amistad y los esposos se convierten en dos extraños; cuando uno no sabe expresar afecto o no acepta el temperamento del otro; o cuando no se ayudan en la realidad nueva de trabajar tanto dentro como fuera del hogar. El camino para cultivar el entendimiento mutuo requiere de mucha paciencia con uno mismo y con el otro.

Decidir perdonar. Para superar los conflictos es fundamental la acción de perdonar. Muchas veces se cree erróneamente que el perdón es algo afectivo y que para perdonar no tenemos que sufrir. El perdón no es eso, sino una decisión voluntaria independiente de los dolores.

Siendo lo contrario de devolver mal por otro mal, sentirse resentido o experimentar la ira, el perdón es una acción de amor que libera, trae paz y sana las heridas. No es necesario un gran discurso, pero es importante no esperar demasiado tiempo dilatando el proceso y tornándose cada vez más difícil. A veces una simple caricia puede ser suficiente.

Rectificar para reparar. Cuando uno reconoce que se ha equivocado esto le permite actuar distinto, corregir en lo que ha fallado y reparar lo que ha dañado. Rectificar no sólo supone admitir que hicimos algo mal dejando las excusas de lado, sino también valorar los puntos de vista del otro.

Nos hace ser más humanos, genera confianza, da ejemplo, enseña que podemos tropezar sin caer, alegrarnos por la lección aprendida y hacer una promesa de cambio, ya que muy especialmente demuestra que todos podemos y debemos mejorar.

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