La pandemia, ¿nos va a cambiar?


Entre todos los debates sobre lo que nos está pasando surge una pregunta: ¿Saldremos igual de esta pandemia, tras unas medidas que a millones de ciudadanos en todo el planeta nos están obligando a estar en casa, sin salir, semana tras semana?

Hay respuestas y opiniones variadas. La solidaridad quedará, pero ¿solo para el recuerdo? Y en lo económico.

Hoy es la vida lo que está en juego.  Y el culpable primero es un virus. En cualquier caso, no hay bola de cristal, porque una cosa está clara: esto no nos había pasado nunca a ninguna de las generaciones que ahora coincidimos en el planeta. Nuestros mayores han vivido guerras, pero ahora es un bicho invisible nos ha despertado de nuestra eterna confianza en tantas cosas y nos abre los ojos frente a otras.

GREETINGCuando todo esto acabe seremos más respetuosos con las enfermedades. Hemos despertado ante una pandemia, un virus asociado con la muerte que además, nos separa de los nuestros temporalmente como única medida de contención. Las enfermedades pueden ganarnos. Hay que tener miedo del contagio: el miedo bien llevado, sin locura, es lo que ha mantenido vivo al ser humano durante los siglos de los siglos. Es decir, el respeto. El estar alerta.

Solo durante esta crisis ya estamos cambiando hábitos: el estar lavándose más las manos y usar alcohol u otro desinfectante.

Cuando todo esto acabe apostaremos más por la Salud.  Y este punto viene del anterior. A partir de ahora miraremos con otros ojos los presupuestos de Salud, a nuestros médicos, enfermeras, técnicos, los que manejan las ambulancias, policías y los que han sido hoy luchadores en primera línea. También a las empresas que investigan, producen medicinas, distribuidores de medicamentos, constructores de hospitales, innovadores.

Cuando todo esto acabe seremos más solidarios. Son olas gigantes. De vecinos que ayudan a sus vecinos mayores. De empresas que dejan de fabricar perfumes para hacer soluciones hidroalcohólicas. De miles de personas, mujeres en su mayoría, cosiendo sin parar mascarillas para ayudar. Donaciones de grandes multinacionales y de empresas pequeñas. Hemos visto todo lo que puede hacer la solidaridad -incluso por encima de la política-. Ahora que sabemos el bien que nos hace la solidaridad en tiempos de crisis, que no se nos olvide. También es maravillosa en tiempos de paz. Los sociólogos nos recuerdan que los humanos somos cooperativos de forma innata.

Cuando todo esto acabe seremos más familiares y amigos. La familia, de casa y los abuelos, primos, tíos. Y los amigos. Estamos preocupados por todos. Recordando los momentos de unión. Dándonos cuenta de que a pesar de algunas discusiones, de algunas rencillas, la felicidad viene de la mano del vernos, del juntarnos. De hacer cosas juntos.  Y sobre todo, nuestros mayores nos hacen pensar en cuánto les debemos y el tiempo que aún podemos pasar con ellos.

Cuando todo esto acabe seremos más exigentes. ¿Quién les habría dicho a nuestros gobiernos que tendrían que enfrentarse a semejante reto? Una situación histórica, en la que se les exige un liderazgo activo. Países enteros movilizados, algunos cerrados, con economías asfixiadas mientras los contagios aumentan y aumentan.  La sociedad va a ser muy consciente de que se necesitan líderes que resuelvan y transformen, pero sobre todo que inspiren.

Cuando todo esto acabe estaremos más unidos. Desde el Vaticano, el Papa Francisco invita al mundo a apoyarse en la fe para que se apoye de forma conjunta y una sus fuerzas ante el covid-19. Invita a una unión de fe global y agradece a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que rezan por ese momento, todos unidos, cualquiera que sea la tradición religiosa a la que pertenezcan porque “todos necesitados de confortarnos mutuamente”.