Juan, el mensajero de Dios


Juan es el mensajero que prepara el camino del Señor, predica la conversión del corazón allanando así el camino para recibir a nuestro Señor Jesucristo.   Él mismo se preparar con cierta austeridad para recibir de una manera digna al Rey de reyes.

El Adviento es un período de preparación para recibir dignamente a Cristo que nace.   No es un mero recuerdo de lo que sucedió hace más de dos mil años, sino se trata, más bien marcar nuestro estilo de vida, de tal manera que se note cada vez más que somos de Cristo. Para ello la Iglesia mediante el Evangelio nos regla el mensaje de preparación, de esperanza gozosa de un acontecimiento que ha marcado la historia de la humanidad. Con el nacimiento de Cristo la humanidad entera se vio tocada en su existencia a tal grado que nadie queda indiferente ante el hecho histórico. O se acepta a Cristo o se rechaza, pero es imposible quedar indiferente.

Hoy, este mensajero que prepara el camino nos dice: «Enderecen sus vidas», convertir el corazón a Dios, desprendernos de todo aquello que es un estorbo para que su misericordia pueda curar la herida ocasionada por nuestras infidelidades a su voluntad.

Reconocemos a Juan el Bautista como a  un verdadero profeta. El profeta con frecuencia es sacudido por dos fuerzas: Dios que lo impulsa a hablar de la verdad y el pueblo que se opone a su mensaje.  Y Juan es un verdadero profeta que no va a la deriva a favor del viento que prevalece sino que anuncia con fuerza y con verdad el mensaje del Señor.  Es un hombre que sacude las conciencias de su tiempo y que decididamente actúa para preparar el camino del Señor.

La gente sencilla escucha su mensaje, se bautiza y comienza el camino de la conversión en espera del Salvador. Los que tienen algo que perder: poder, fama, placeres, se sienten en cambio agredidos y pronto empiezan a boicotear su mensaje.   Jesús reconoce que aún los pecadores y publicanos escucharon su mensaje y aceptaron el designio de Dios. En cambio los fariseos y los escribas se cerraron al mensaje.

Juan el bautista entendió el anuncio y decidió prepararse a fondo. Ciertamente su preparación puede considerarse radical, pues, pasar la vida en un desierto y alimentarse de miel y de langostas no suena del todo atractivo. Sin embargo, el Evangelio nos enseña que el modo más eficaz para lograr la conversión del corazón y recibir a Cristo es mediante una vivencia austera de todo lo que realmente sea distracción y nos impida recibir con un corazón abierto y desprendido al Salvador. Alimentarse de langostas y de miel silvestre entendido así, puede ser hoy en día lo siguiente: evitar hablar mal de mi prójimo (familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo); puede ser también evitar gastos superfluos e innecesarios y mejor invertirlos en obras de caridad cristiana, como ayudar en las misiones de evangelización, ayudar en la educación de los niños más necesitados, ayudar en la parroquia en sus necesidades, ayudar a alguna persona pobre que conozcamos. Actividades que nos ayuden a preparar nuestras vidas para recibir con amor y en profundidad el nacimiento de nuestro Salvador.

Escuchemos hoy nosotros el mensaje de Juan el Bautista y dispongamos nuestro corazón, cierto pecador, humilde, pero purificado con el arrepentimiento y la conversión.

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