Ave María, señora del Adviento


Inicia el tiempo de Adviento, en que empezamos a preparar la llegada de Cristo. Reflexionemos hoy cómo la Virgen debió preparar en la intimidad y en la oración, con alegría, esperanza y agitación interior el nacimiento de su Hijo.
Ella es, también, una de las grandes protagonistas de este tiempo de reflexión interior porque a través de su maternidad llegamos los cristianos al nacimiento de Cristo en Belén. María, con su generoso «¡Hágase!», se une estrechamente a la unión con Cristo al que llevó en su seno virginal.
Hoy María nos enseña algo hermoso, sencillo:  Con su fe, con su amor, con su entrega, nos indica cuál es el camino para esperar a Jesús.  Aprendamos sus lecciones silentes:
a) A Jesús por ella.
b) Poner a Cristo siempre en el centro de mi corazón.
c) Dar siempre mi «¡Amén!» a la voluntad del Padre.
d) Estar siempre plenamente disponible a aceptar los planes de Dios en mi vida.
e) Alabarle siempre.
f) Vaciarme de mi yo y, en mi pobreza y humildad, estar cerca de los que más me necesiten.
g) Ser siempre fiel y obediente a la Palabra de Dios y, desde ella, crecer espiritualmente y confiar.
h) Servir desde el amor, amar desde el servicio.
i) Ser capaz de ver a Dios en un pequeño niño.
j) Saber contemplar a Dios en lo pequeño de las cosas.
k) Saber vislumbrar en la necesidad del afecto y del cariño.
En este tiempo de preparación caminemos junto a María. Con Ella será más fácil llegar a Jesús.
¡Señora del Adviento, hazme pronunciar tu «¡Sí!» a Dios como hiciste Tu; visítame como visitaste a tu prima Isabel; hazme hacer como invitaste a los criados de las bodas de Caná; seréname como hiciste con los apóstoles en el cénaculo; acompáñame en la tribulación como hiciste con Jesús a los pies de la Cruz!
¡María, Señora del Adviento, camina junto a mi hasta el feliz día de Navidad!
¡María, Señora del Adviento, lléname de esperanza, de alegría, de fe, de caridad, de amor, de paz, de fortaleza, de humildad!
¡María, Señora del Adviento, permíteme en su momento postrarme ante el Niño Dios y arrullarlo entre mis brazos!
¡María, Señora del Adviento, mi corazón es como un pobre pesebre sucio y frío, límpialo con tu presencia; haz que en su interior brote el calor del amor y la serenidad para que se encuentre a gusto Jesús!
¡María, Señora del Adviento, haz a todos los matrimonios santos, que la fuerza de nuestro amor se irradie en la familia; danos santos matrimonios para que haya hijos santos y también santas vocaciones!
¡María, Señora del Adviento, haz que aprendamos a pedirle al Espíritu que cada palabra, cada gesto, cada pensamiento, cada mirada esté impregnada del amor de Dios!
¡María, Señora del Adviento, ayúdanos a imitación tuya a estar siempre atentos a la llamada del Padre! ¡María, Señora del Adviento, gracias por ser mi Madre!